Estudios revelan detalles sobre la gran sequía del 2014 – 2016 en Puerto Rico

El Centro Climático del Caribe realizó un estudio que revela las regiones del país que han sido más expuestas al fenómeno de la sequía y la aplicación de estrategias para mitigar su impacto.

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Zona agrícola en Lajas afectada por la sequía, foto por Samuel Ríos de NRCS.

En los últimos años hemos experimentado varios fenómenos climáticos extremos a lo largo y ancho de todo el archipiélago de Puerto Rico. Los más recientes fueron los huracanes Irma y María, cuales dejaron grandes destrozos dentro de la producción agrícola con cerca de 2.8 mil millones en pérdidas. Sin embargo, hubo un fenómeno que afectó severamente la agricultura puertorriqueña previo a los huracanes del 2017 y este fue la sequía del 2014-2016.

Poco se ha estudiado de este fenómeno, especialmente en Puerto Rico, teniendo en consideración lo apremiante del tema ante la vulnerabilidad de los cultivos tropicales al cambio climático y lo susceptible del trópico a la escasez de agua y a las altas temperaturas.

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Asimismo, las pérdidas en la agricultura por  la sequía del 2014-2016 que afectó toda la isla ascendieron a más de $13 millones, según reportes preliminares del Departamento de Agricultura para el 2015.

Una sequía se define como la reducción de precipitación en un periodo extendido que puede ser agravado por altas temperaturas, vientos fuertes y poca humedad. Durante este fenómeno la humedad del suelo puede decaer rápidamente, afectando la salud y el rendimiento de los cultivos, especialmente en la región del trópico donde se depende en gran medida del agua de lluvia y la conservación de esta para la irrigación.

Mapas del numero de semanas no consecutivas en condiciones de sequía durante los períodos: (a) 2000 a 2016 y (b) de 2014 a 2016. Los mapas se crearon con información del Monitor de Sequía de EE. UU. (NDMC, 2017). Los datos están representados en una cuadrícula de hexágonos de 5 kilómetros cuadrados.

“La sequía es un fenómeno que se olvida y es problablemente el menos estudiado de los riesgos naturales”, alertó la científica ambiental, la Dra. Nora Álvarez Berríos en referencia a la necesidad de este tipo de estudio y la planificación para poder enfrentar este fenómeno en Puerto Rico.

Ante la posibilidad cada vez más cercana de que este fenómeno vuelva a ocurrir, es imperativo tomar medidas de conservación de los recursos naturales para mitigar el cambio climático y sus consecuencias económicas en la agricultura.

Recientemente se publicó en la revista académica Renewable Agriculture and Food Systems de Cambridge University Press el estudio realizado en Puerto Rico “Correlación entre prácticas de conservación y vulnerabilidad de sequía en una zona tropical agrícola”, el cual revela las divergencias encontradas entre la aplicación de prácticas de conservación y de mitigación de sequía  y las zonas más susceptibles a este fenómeno.

El estudio realizado por el Centro Climático del Caribe del USDA, estuvo a cargo de la Dra. Álvarez Berríos y expertos en análisis cartográficos, incluyendo a la Dra. Sandra Soto Bayó, Eva Holupchinski, Stephen J. Fain y el Dr. William A. Gould.

Los resultados de la investigación indican que se registraron 7 episodios de sequía desde el año 2000 al 2016, siendo del 2014-2016 los años en que más se manifestó este fenómeno con 80 semanas de sequía moderada, 48 severa y 33 de sequía extrema. El área más afectada por la sequía del 2014-2016 fue el este y el sureste de Isla Grande y en las islas de Vieques y Culebra donde registraron índices de sequía severa a extrema.

Estos datos fueron recolectados por medio de la herramienta conocida como el Monitor de Sequía de los Estados Unidos, del National Drought Mitigation Center de la Universidad de Nebraska-Lincoln, el cual registra y expone semanalmente las regiones en sequía en Estados Unidos y Puerto Rico.

En razón a estos hallazgos, se identificaron las regiones de la isla donde se establecieron prácticas de conservación de recursos naturales del Servicio de Conservación de Recursos Naturales (NRCS, por sus siglas en inglés) del USDA, para la adaptación a sequía y mitigación de riesgos con el fin de evaluar si coincidían con las zonas  en que más se necesitaría hacer uso de ellas.

Para elegir las prácticas de adaptación a ser evaluadas, decidieron utilizar los criterios establecidos por el NRCS y se seleccionaron prácticas con una puntuación mayor de 2 en la valoración de los Conservation Practice Physical Effects CPPE (Efectos Físicos de las Prácticas de Conservación) en el impacto de: (1) disponibilidad de agua, incluyendo  el manejo de agua para riego y de humedad, (2) la salud de las plantas, el cual se enfoca en prácticas que ayudan a la productividad y fortaleza del cultivo y (3) prácticas que contribuyan a la calidad del suelo y que minimicen la erosión (Ver Anejo 1).

Anejo 1

El estudio reveló que entre  el 2000-2016, el 76% de estas prácticas de adaptación se concentraron en regiones con al menos 1 semana de sequía moderada, 19% en áreas de sequía severa y solo un 7% en lugares de sequía extrema.

Uno de los objetivos de la investigación es esclarecer dónde están las áreas más vulnerables a la sequía en Puerto Rico y promover prácticas de conservación y de mitigación de riesgos que ayuden a minimizar los impactos de este evento climático en la agricultura local.

La exposición de los datos indica que las regiones agrícolas que están más expuestas a la sequía, son las áreas en que menos se practican técnicas de conservación para mitigarla. La razón de esta disparidad recae en la corta duración y extensión de la sequía en relación con lo reciente del fenómeno, lo cual no ha dejado mucho espacio para estudiar a fondo los patrones de incorporación de estas prácticas de conservación a través de todas las regiones de Puerto Rico.

Por otro lado, el estudio toma en consideración las proyecciones de futuras sequías y el análisis concluye que las mismas zonas con vulnerabilidad a sequía en los años anteriores, se  verán duramente afectadas de estas condiciones en el futuro. El Centro Climático del Caribe en su misión de comunicar los riesgos asociados con eventos extremos y promover estrategias de adaptación y de mitigación, alienta a agricultores y dueños de fincas a tomar en consideración estas prácticas para reducir su vulnerabilidad ante estos eventos y con ello, crear un futuro agrícola resiliente en Puerto Rico.

REFERENCIA: Álvarez-Berríos, N., Soto-Bayó, S., Holupchinski, E., Fain, S., & Gould, W. (2018). Correlating drought conservation practices and drought vulnerability in a tropical agricultural system. Renewable Agriculture and Food Systems, 1-13. doi:10.1017/S174217051800011X

- ANUNCIO -Informe Agrícola no se solidariza necesariamente con las expresiones vertidas en el artículo. Nos toca a todos, individualmente, estudiar la información y asumir postura al respecto.