Vida: Una carrera hacia la felicidad

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¿Estoy seguro de lo que quiero ser, de que me apasiona lo que estoy estudiando, de que tendré lo que quiero?

Una mañana, en mi tercer año universitario, me llegó esta retórica a la mente: “¿Estoy seguro de lo que quiero ser, de que me apasiona lo que estoy estudiando, de que tendré lo que quiero?”. Creo que esa interrogante ha sido de las cosas más difíciles por las que había atravesado a mi corta edad. También creo que, es una interrogante que comparto con (todos) mis compañeros universitarios. Realmente es impactante sembrar en uno mismo la semilla de la duda… es de lo peor.

Pasé mucho tiempo huyendo de encontrar una respuesta convincente, me frustraba e incluso me causó, sin darme cuenta, un estado depresivo. El haberme comparado con esa felicidad exterior o que maquillaba a las personas que me rodeaban, era lo que más me hundía en ese miedo. Miedo al fracaso, miedo a lo desconocido, miedo al futuro. Veía la emoción de los demás, escuchaba sus historias de los planes futuros, a  dónde estarían yendo en verano para sus internados. Y, aun ya había realizado una investigación en mi campo, aun cuando tenía un buen promedio académico, aun cuando disfrutaba uno que otro curso, aún así, no era suficiente. La realidad es que, no lo fue.

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Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que el problema era que, lo que creía ser un problema, no lo era. Y que lo que por mi mente merodeaba era un suceso completamente normal; que durante la formación de todo individuo ocurre. Sentir temor por lo desconocido es algo inevitable; es más, hasta el más valiente lo siente (o ha sentido).

Continuando con mi historia. Es ahora, mucho tiempo después, que logro comprender que buscar una explicación a la mayoría de las preguntas que son disparadas por parte de mi mente, es algo agotador y para nada saludable. Considero que el momento que ha garantizado mi tranquilidad en cada ocasión que esa duda merodea por mí, fue cuando entendí que la vida es una carrera hacia la felicidad.

Esto porque todas las personas lo que andan buscando es ser felices. Haciendo lo que decidieron estudiar para ejercer. Entendí, además, la razón de refranes, como aquel que dice que el “trabajo es honra”. Quien primero lo dijo, estaba en lo correcto. El trabajo es algo que debe llenarnos de honra. Debe llenarnos como persona. Algo así como cuando en esos grados primarios vemos la semilla de habichuela germinar. Como dar la primera mordida a ese tomate que nuestro “huertito” casero nos regaló. Pues así es.

Entendí que el haberme educado, es una responsabilidad, pero, a la misma vez, es algo gratificante. Aparte de ser un privilegio, es una responsabilidad, tanto personal como social. Créanme, no creo que exista un momento más emotivo y que nos llene de orgullo propio que el escuchar tu nombre ser llamado en la ceremonia de graduación. Sentir que ese diploma (que en ese momento se convierte en trofeo) es fruto del esfuerzo propio; claro está, añadiendo la contentura de los viejos, esos que se chavaron con jota por hacernos personas de bien. Responsabilidad personal porque, ese momento nos define, marcando el comienzo de una nueva etapa: nuestra independencia (como individuos). Ahora, es en este momento que el embudo torna angosto. Los ya profesionales que dedican su vida profesional a enriquecerse y los que tienen vocación en lo que se educaron. Y como lo veo, el habernos educado hace que sobre nosotros recaiga una gran responsabilidad: difundir ese conocimiento adquirido, emplearlo para ayudar a nuestro prójimo, y sobretodo, que seamos instrumento de educación para quienes no tuvieron nuestra dicha.

En aquel instante aprendí a valorar lo que estudiaba: la tierra; la agricultura. Desde ese entonces me apasiona lo que estudié y lo que continúo investigando. Que todo es una etapa de maduración personal y profesional. Que no es una idea alocada temerle al futuro; pero, sí no estar preparado para lo que nos depare. He aprendido que la felicidad no puede medirse por lo material o por un estatus social, sino por cosas que no podemos, pero, sí sentir. Cosas como aceptarnos, amar a nuestra familia, ser agradecidos de lo que tenemos, ser leales a nuestras amistades y a nuestra pareja; ser fiel defensor de nuestros postulados e ideales, respetar la naturaleza, a los animales y su espacio; compartir con nuestro prójimo; y amar y valorar nuestra Patria, poniéndola en un primer lugar. En aquel instante dejé de buscar respuestas en donde no había contestaciones. Y desde entonces, sigo aprendiendo.

- ANUNCIO -Informe Agrícola no se solidariza necesariamente con las expresiones vertidas en el artículo. Nos toca a todos, individualmente, estudiar la información y asumir postura al respecto.
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Soy un joven añasqueño soñador, que añora ver a su Tierra natal prosperar. En el 2015, obtuve el grado de Bachiller en Ciencias con concentración en Ciencia Animal e Industria Pecuaria del Colegio de Ciencias Agrícolas en la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez. Actualmente, curso el grado de Maestría en Ciencias en dicho Colegio y especialidad. Tengo el privilegio de ser educador, desempeñándome como Ayudante de Cátedra e Investigador en la Universidad en que me gradué. Soy amante de los animales, los deportes y las letras, me apasiona la agricultura y la enseñanza, asimismo, como nuestra cultura, historia y cocina. Disfruto de ayudar a otros, aprender y transmitir mi conocimiento. Vivo orgulloso de Mi Pueblo, Añasco, y de la bendición de ser puertorriqueño. Para contactarme, pueden enviar un correo electrónico a la dirección: [email protected] Siempre a su disposición.